Números aleatorios

Rol y Estrategia

Era de noche. Un grupo de amigos que por determinada gente recibiría el calificativo de friki estaba sentado al lado de una mesa. Entre ellos, varias pizzas, alimento clásico de geeks y de las tortugas ninja, hacían de testigo silencioso de la conversación. Entonces uno de ellos, el narrador de esta historia, hizo el comentario que fue la fuente de toda disputa:

- Me he quedado impresionadísimo de algo que he leído hoy. Cómo se tira un dado de dieciséis caras.

Pero volvamos un poco más atrás en esta historia. El grupo compartía, entre otros, el rasgo común de ser jugadores de rol. El sistema típico de un juego de rol para resolver un conflicto dentro de la partida es tirar uno o varios dados, comparar el resultado con una cantidad y entonces comprobar si había resultado una acción exitosa de dicho conflicto.

En el mercado pueden encontrarse dados de diversa forma, no sólo los clásicos de seis caras del parchís. Los más clásicos son el de veinte caras, que casi parece una bola; el de doce, que casi nadie lo usa; el de ocho, que parece que se va a caer, y el de cuatro, que es una pequeña pirámide de tres caras y base con el resultado en el pico o en la misma base. Posteriormente se añadió el dado de diez caras, con dos modalidades clásicas, la numeración del 0 al 9 o en decenas del 00 al 90.

La combinatoria para conseguir resultados comenzó con la división. Si al resultado de un dado de seis lo sometías a una división entre dos, redondeando hacia arriba, obtenías un resultado entre tres, lo que era al final un dado de tres. En el caso de un dado de dos era aún más fácil: cogías cualquier dado y, o bien el resultado par era dos y el impar era uno, o bien la mitad superior de resultados es un dos y la inferior un uno. Un dado de cinco, por tanto, podía calcularse con el mismo sistema. Se tiraba un dado de diez caras y el resultado se dividía a la mitad.

¿Para qué tanta complicación? Os estaréis preguntando. La respuesta es sencilla, para nada. Cada persona pierde el tiempo como se le antoja, algunos viendo el fútbol, otros el noveno Gran Hermano, y otros con los Sudokus. Pero en una partida de rol suceden ocasiones en que es necesario un número aleatorio que no sea el específico de un dado, por lo que en mi grupo, desde siempre, se tiraba el dado más gordo que hubiese justo por encima y se ignoraban los resultados. Así, si en el grupo de los jugadores había 11 personajes entre personajes jugadores y no jugadores y algún enemigo disparaba “al bulto”, tiraba un dado de doce caras, repitiendo si salía un 12, y todos tan contentos.

Para eximirme de culpas, decir que el dado de dieciséis lo había leído en el juego de rol: Violencia, de Greg Costikyan. ¿Cómo hacerlo? En verdad es muy sencillo. Tiras un dado de dos (de la manera que te dé la gana, mira arriba las dos propuestas, que si no te acuerdas deberías ir al médico, sólo han sido dos párrafos) y un dado de ocho. Si el resultado en el dado de dos ha sido uno, el resultado final del dado de dieciséis será el resultado del dado de ocho. Si por el contrario el resultado en el dado de dos ha sido dos, el resultado final del dado de dieciséis será el resultado en el dado de ocho más ocho. Obviamente, si no te gusta sumar, es mejor que tires un dado de veinte caras e ignorar los resultados de 17 a 20.

El problema es que alguien dijo: ¿Y el dado de siete caras?

Una variable de un número primo e impar, se desató el acabose. El INFORMÁTICO y el FÍSICO se pusieron como loco a sacar la solución, pero ésta era inviable. Casi todas las propuestas originales caían en la suma, y se oyeron burradas como que “la gráfica estadística de una suma de distintas variables no tienen curvas como la suma de iguales variables”, que estaba muy bien oír pero no venían al caso (y ahora adivinad quién hizo el comentario).

Se buscaba un mínimo común múltiplo, pero era imposible porque ninguno de los dados existentes contenía un múltiplo de siete.

Al final, el INFORMÁTICO dio con la clave: “Binario, tira siete monedas, cuenta las caras, y ése es el resultado”.

Pero emocionado por el reto propuesto, el FÍSICO desmontó el argumento: “¿Qué pasa cuando sale todo cruz?”

Pero la solución estaba a la vuelta de la esquina. Sólo había que tirar seis monedas, y si salía todo cruz se contaba como un siete.

Personalmente, en esto sí que me sumo a los que no quieren sumar. Se tira un dado de ocho caras y se ignora el número ocho.

Antonio Roda Martínez.

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